2ª parte de mi viaje a Bahamas

Continuamos con el viaje a Bahamas, si te perdiste la primera parte puedes verla aquí.

Exuma

Las aspas de los motores de las que desconfiaba demostraron que estaba equivocado y avistamos sin problemas en el horizonte la isla más grande de Exuma. El pequeño pájaro de acero encaró la pista de aterrizaje y tras derrapar levemente, tomó tierra y se detuvo completamente a pocos metros del final del camino de asfalto donde aterrizamos. 

Gran Exuma es un brochazo verde sobre el océano con pinceladas de cobalto e incontables motas ocres alrededor que guardan con recelo grandes secretos, y los queríamos descubrir todos. Esta fue nuestra ruta:


 

Nadando con tiburones

Hay un muelle en los alrededores de Gran Exuma, no muy lejos del cabo norte, donde los pescadores de la zona alimentan a enormes escualos. Decenas de tiburones nodriza se dan religiosamente cita allí cada amanecer para satisfacer su hambre nadando en círculos mientras los aventureros que se lanzan disfrutan de una compañía de baile inigualable. Y no perdimos la oportunidad.

Sandbar, la playa oculta en el mapa

El capitán de la pequeña embarcación en la que atravesábamos las aguas que dividen las islas y los islotes que rodean Exuma nos dijo que existía un lugar donde puedes caminar sobre el mar. Un sitio secreto en medio de la nada, una isla sin isla, donde los piratas abandonaban a sus prisioneros y que ha sido escenario de rodaje de películas tan famosas como ‘Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto’.  

Una playa con dos orillas, una lengua de arena que asoma para tomar el sol, una barrera que impide que se besen las olas para que tú puedas sentir el horizonte a tus pies.

Cayo Big Mayor

Hay varias leyendas acerca de cómo llegaron allí. Unos dicen que fue fruto de un naufragio, otros que nadaron desde muy lejos, otros que los abandonaron unos marineros con intención de comérselos más tarde pero nunca volvieron… Lo cierto es que una de las atracciones más curiosas y famosas de la zona es visitar una playa plagada de cerdos salvajes. Los hay de todos los tamaños, con círculos negros y marrones que adornan su lomo, libres y asilvestrados, y todos ellos expertos nadadores.

Cuando el barco se acercaba podíamos observar cómo los cerdos esperaban ansiosos a que llegáramos a la costa, incluso algunos se lanzaron al mar para asaltar la embarcación buscando que les diéramos comida cuanto antes. Son tranquilos y por lo general inofensivos, pero no intentes hacerte un selfie con ellos o poner la mano demasiado cerca de su boca, o te puedes arrepentir.

 

Iguana beach

Nuestro periplo a través de los cayos de Exuma no dejaba de sorprendernos. Y más cuando nos dijeron que había un islote completamente atestado de iguanas que echaron a todos los inquilinos que quisieron apropiarse de su territorio.

 

Exacto, todas esas manchas negras alargadas que se ven en la fotografía son iguanas, concretamente del género Cyclura, una especie exclusivamente de esta zona geográfica. Los reptiles pueden llegar a medir casi un metro de largo y vigilan el horizonte 24 horas desde la costa para proteger con recelo ‘su isla’.

Centenares de dinosaurios en miniatura, (y no tan en miniatura) dominan desde la arena cualquier barco que se acerca a sus dominios, pero cuando desembarcas cerca de ellas, compruebas que detrás de esa mirada fría y una piel dura y áspera, hay un corazoncito cariñoso que las anima a darte la bienvenida con más afecto del que pensabas.

 

Stocking Island

Al este de George Town hay una isla muy famosa a la que es muy fácil llegar en water taxi por un puñado de dólares.

Recibe a sus visitantes con un gran y popular poste de cuatro metros plagado de flechas que señalan cuánta distancia hay hasta las ciudades más famosas del mundo.

Sobre una colina poco pronunciada con vistas privilegiadas hay salpicadas casitas de madera que rodean un pequeño lago de agua salada. En él, varios navíos de vela se mecen levemente a merced de las olas.  

Una superficie pequeña, de menos de 5 kilómetros, que se puede recorrer caminando. Pero cuidado con la marea, hay zonas donde cubre que debes atravesar a pie y si llevas algo que no quieras mojar, hay que hacerlo cuando esté baja. Merece la pena la empresa, hay deliciosas calitas en Stocking Island que sólo alcanzan a ver los más osados.

 

El mar es tan transparente que no necesitas gafas de bucear para distinguir con claridad las numerosas estrellas de mar que brillan a muy poca profundidad.

Es fácil encontrar mantarrayas que se acercan al arrecife y se dejan acariciar por los bañistas.

Al atardecer, varios barcos privados se dan cita en el embarcadero para celebrar la vida bebiendo refrescos y mojitos. Suena la música latina sobre la cubierta de los yates y los manjares que regala el océano son la cena que se cocina en el único restaurante que hay en el islote.

Hoopers Bay

El problema de estar en un lugar del mapa tan enriquecedor para los sentidos es que hay demasiados sitios que no te puedes perder, elegir es difícil. Y todavía nos quedaba pendiente una parada…

Queríamos ir a una zona donde nos habían prometido que era muy fácil encontrar tortugas gigantes, que bañarse con ellas no era una utopía. Bajo el manto aguamarina de Hoopers Bay descubrimos a una familia de caguamas enormes que disfrutaban buceando al compás de nuestras brazadas.

Tras varios días sin descanso recorriendo un entorno de ensueño, esta pequeña gran odisea llegaba a su fin. El destino del viaje es importante, pero lo es mucho más la compañía. Gracias a mi gran amiga Natalia por hacer todavía más increíble esta experiencia adentrándonos en lo más profundo de la joya del Caribe.

Hasta la próxima aventura, Aventuhero.

3 Comentarios

Dejar comentario