Llega para desbancar a los ‘macarons’ con un relleno más jugoso y un exterior igual de fotogénico (o más).  Instagramers: haced hueco al nuevo dulce de moda.

La última cena del Titanic fue también la más lujosa. Los viajeros de primera clase disfrutaron de un menú exquisito que incluía ostras, salmón y ‘filet mignon’. El broche final lo pusieron estos pasteles de masa ‘choux’ rellenos de crema pastelera y cubiertos con una fina capa de chocolate.

Los ‘éclairs’ son así. Siempre se han movido entre las altas esferas y la ‘haute cuisine’. Su nombre original es una muestra más de ello: ‘petite duchesse’, es decir, pequeña duquesa. Poco se sabe de los orígenes de este dulce, considerado un miembro de la nobleza si hacemos caso al nombre con el que fue bautizado. Se popularizó a principios del siglo XIX y su creación se atribuye al chef Marie Antoine Carême, aunque los historiadores gastronómicos no terminan de ponerse de acuerdo. Lo que sí es indiscutible es su denominación de origen: como todo lo chic, viene de Francia. Y de la capital de la ‘patisserie’, al resto del mundo. Para alegría de los golosos (y tristeza de los ‘macarons’), el ‘éclair’ baja de las nubes de la alta repostería para colarse en las cafeterías de todo el planeta. Sin perder, eso sí, ni un ápice de glamour.

El ‘éclair’, que en francés significa relámpago, viaja a la velocidad de la luz por todo el globo y se adapta a los gustos de cada país. El ‘fondant’ de chocolate se tiñe de todos los colores del arco iris y el relleno de vainilla se sustituye por mezclas exóticas con mango, pistacho y yuzu. Recetas vanguardistas o no, todos tienen algo en común y es que se devoran prácticamente de un bocado. Más rápido que un ‘relámpago’.

Profetas en su tierra

En  el caso de los ‘éclairs’, el refrán no se cumple. Están presentes prácticamente en todas las cafeterías parisinas y para los franceses es tan común tomarlos con el café ‘au lait’ como los ‘croissants’. Sin embargo, fue un inglés quien impulsó la revolución francesa de los ‘éclairs’. Christophe Adam es el chef detrás de L’Eclair de Génie. Durante su paso por la emblemática Fauchon, instauró el ‘Week-end éclair’ e inventó nuevos sabores para este clásico de la pastelería francesa. En 2012 decidió convertirse en ‘el genio de los ‘éclairs’ y hacer su magia en una ‘concept-store’ en el barrio de Le Marais. Desde allí (y desde las otras nueve tiendas que ha abierto desde entonces, tres de ellas en Japón), homenajea cada día a este postre vistiéndole de colores brillantes como si de un ‘canvas’ se tratara. También son célebres las ediciones especiales, como la “mirada de la Gioconda”.

Diseños de L’atelier de l’éclair en la capital francesa
Diseños de L’atelier de l’éclair en la capital francesa

En L’Atelier de l’eclair también apuestan por las coberturas llamativas. Su última creación fue de lo más salvaje. Combinaron la delicadeza del ‘éclair’ con ‘animal print’. Una mezcla arriesgada, pero ganadora. Tuvieron que ampliar la edición limitada.

La competencia del ‘afternoon tea’

Los ‘londoners’ viven deprisa y cada vez tienen menos tiempo para sentarse a disfrutar de la hora del té. La solución para golosos ocupados son estos pastelitos franceses, perfectos para el ‘take-away’.  Quien ha intentado comerse un ‘cupcake’ por la calle alguna vez puede dar fe de ello.

En Melba tienen un colorido y variado escaparate donde elegir. Es el espacio de ‘take-away’ gourmet del hotel Savoy, en la calle Strand. En Maître Choux te dan la opción de tomártelo allí o cogerlos para llevar. Son la primera y única ‘patisserie’ especializada en masa ‘choux’. Abrieron en 2015, con el chef Joakim Prat a la cabeza. Su experiencia en repostería francesa está más que acreditada, pues trabajó como ‘Head Pastry Chef’ en L’Atelier de Jöel Robuchon en Londres. Además de ‘éclairs’, sirven ‘chouquettes’ y otras elaboraciones con masa ‘choux’ acompañados de café, té o chocolate caliente. La receta de este último no es del chef, sino de su abuela. Se trata de una receta tradicional del País Vasco y es que el joven chef nació en Biarritz.

Melba at the Savoy en Londres
Melba at the Savoy en Londres

También en versión asiática

La fama de los ‘ecláirs’ ha llegado a todos los continentes. Singapur, siempre a la moda, no iba a ser menos. El salón de té parisino Angelina tiene en esta ciudad una de sus sedes. Cada temporada, presentan sus dulces como si de una colección de moda se tratara. El ‘éclair praline’ será el protagonista durante estos meses.

L’éclair by Sarah Michelle se inspiraron en el trabajo de los chefs franceses y trajeron a Singapur el ‘éclair’ del siglo XXI. ‘Toppings’ llamativos e ingredientes exóticos como lychees, vainilla de Tahití o crema de rosa son sus principales aliados. En mayo lanzan tres nuevos sabores: Banana, Lime Basil y Matcha Azuki, inspirado en el té japonés.

Maitre Choux, patisserie especializada en masa 'choux'
Maitre Choux, patisserie especializada en masa ‘choux’

En Karafuru Desserts también beben de influencias japonesas, para reinterpretar todo tipo de dulces, entre ellos, los ‘éclairs’. Allí en lugar de chocolate, encontrarás Ume Shiso, Sakura Rose o Yuzu.

Los originales sabores de Karafuru Desserts
Los originales sabores de Karafuru Desserts

Cuando los ‘éclairs’ de tu vecino veas hornear…

España también se fija en el ‘savoir-faire’ del país vecino y ha importado el postre de moda. En Le Méridien de Barcelona el gran protagonista lleva algarroba y vainilla. El chef Jonny Iuzini se ha inspirado en diferentes destinos de esta cadena hotelera para crear un ‘éclair’ único. Puedes probarlo en Longitude Bar 02º 10’.

También en la Ciudad Condal, encontramos el Majestic Champagne Fashion Tea, en el hotel Majestic del Paseo de Gracia. Su carta incluye varios ‘éclairs’, ‘plumcakes’, ‘macarons’ y una copa de Champagne Ruinart. Para la cobertura se fijan en el mundo de la moda con diseños inspirados en Jimmy Choo, Rosa Clará y Bulgari. ‘Haute couture’ para comérsela.

Majestic Fashion Tea en Barcelona
Majestic Fashion Tea en Barcelona

1 Comentario

  1. No soy muy de dulces, pero este promete mogollón. Aunque claro para comer uno porque entre la crema y el chocolate pinta que debe ser muy dulce.

    ¡Feliz semana!

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