Lisboa es conocida mundialmente como la ciudad de las siete colinas. Las formas de subir hasta ellas son muy variadas, en tranvía, en elevadores, en coche, andando… así como sus numerosos miradores desde los que divisar esta fantástica ciudad, el océano Atlántico o la impresionante desembocadura del río Tajo.

Los fenicios ya se dieron cuenta de las riquezas y las posibilidades de este enclave y fundaron aquí la ciudad bajo el nombre de Ulissipo.

Vacaciones en Lisboa

Su situación estratégica, en el centro oeste de la península Ibérica, así como sus numerosas montañas, la convertían en un lugar ideal de control y de refugio y por eso fue ansiada por griegos, cartagineses, romanos, musulmanes, y, finalmente, cristianos.

Fue en la Edad Media cuando su puerto se convertiría en uno de los más grandes e influyentes del mundo, sobre todo tras la conquista de América, así como con el comercio hacia África y Asia. En Esa época empezó la ampliación por sus colinas, que hoy son un referente de esta ciudad y uno de sus principales atractivos turísticos. De este modo, una ruta en Lisboa debe incluir, obligatoriamente, varios de sus más célebres miradores.

Escapada a Lisboa, una ciudad para perderse

Encontrar un vuelo a Lisboa es cada vez más barato y asequible. Hay múltiples conexiones desde varias ciudades españolas y también europeas.

Miles de turistas se adentran en ella cada año y entre sus principales atractivos se encuentran algunas plazas como la del Comercio, origen de las mercancías hacia otros continentes, la del Rossio, sobre la cual gira la vida más movida y festiva de la ciudad, o la del marqués de Pombai, el arquitecto que reconstruyó la ciudad, tras el terrible terremoto del 1 de noviembre de 1755.

La Catedral, la Torre de Belem, el Monumento de los Descubrimientos o el Castillo de San Jorge, son otras de las riquezas de Lisboa. Para poder ver de cerca algunas de ellas deberás ascender a alguna de las siete colinas, donde también encontrarás fabulosos miradores desde los que tener una vista privilegiada de todo el entorno y comprobarás que una escapada a Lisboa es una idea fantástica durante cualquier época del año.

Mirador de San Pedro de Alcántara. El más visitado

Uno de los mejores lugares donde divisar toda la grandeza de Lisboa es el Mirador de San Pedro de Alcántara. A él puedes acceder en el elevador de Gloria y está situado en el Barrio Alto. En él, además de conseguir excelentes vistas del Castillo, de la catedral y del barrio más antiguo de la ciudad, podrás relajarte en sus formidables jardines. Además, incorpora un mapa de azulejos que nos indica qué hay en cada sitio hacia el que dirijamos nuestra mirada.

Mirador de Santa Lucía. En plena Alfama

Está situado en uno de los barrios más famosos, el de Alfama. Y es otro gran motivo para reservar un hotel en Lisboa. Aquí, además de vivir y sentir el carácter luso más auténtico, tendrás excelentes vistas de la catedral, del castillo, así como de la imponente desembocadura del Tajo. Es un lugar romántico y algo decadente, muy en sintonía con la ciudad en general, y suele tener cierto aire bohemio, al más puro estilo del Montmartre francés, con gran presencia de pintores que acuden allí para inmortalizar la ciudad y también a los turistas que quieran un peculiar recuerdo.

Por otra parte, pegado a él, se encuentra una bella iglesia del mismo nombre y en una de sus paredes hay unos preciosos azulejos que rememoran el terremoto de 1755 y la conquista cristiana del Castillo de San Jorge.

Mirador de Gracia. Un atardecer único

Aquí suele reunirse la juventud de Lisboa, así como muchos turistas, para contemplar el atardecer mientras toman algo en alguna terraza. El tranvía 28 pasa muy cerca de allí. Está muy cerca del Castillo de San Jorge, por lo que es ideal para visitarlo también, y desde él hay vistas únicas del elevador de Santa Justa o del Convento del Carmen.

Mirador de Santa Catalina. Conciertos al aire libre

Es uno de los más grandes y, pese a que suele estar lleno de gente, su tamaño hace que siempre podamos encontrar nuestro rincón, nuestro espacio donde admirar la ciudad y relajarnos. A él se accede desde el elevador da Bica. Los artistas callejeros son frecuentes en él, así como los conciertos en verano.

Mirador da Senhora do Monte. Uno de los más fotografiados

Está ubicado frente a una capilla llamada igual y es muy utilizado para pasar la tarde, para ver el sol poniéndose por el Atlántico o para hacer picnics. Es uno de los más elevados y debe estar presente en tu ruta en Lisboa. Se construyó encima de una antigua ermita y en sus baldosas te esperará un mensaje muy particular.

Mirador das Portas do Sol. Las mejores vistas del Tajo

Situado cerca de la Catedral da Sé, a él también puedes acceder cómodamente en tranvía. Es uno de los miradores predilectos por los lisboetas de todas las edades y, la verdad es que merece mucho la pena. Está rodeado de bellos jardines y es sensacional para divisar la magnificencia del río Tajo, así como de São Vicente de Fora o de la Alfama. En él podrás tomar un buen café o algún otro aperitivo y dejarte llevar por la tranquilidad del ambiente.

Mirador de Rocha. Una escapada perfecta

Este mirador está algo más alejado del centro de Lisboa. Esto hace que algunos no se acerquen hasta él, pero también lleva a otros, precisamente, a aventurarse buscando algo distinto y singular. Está rodeado de diversos espacios verdes y desde él tendrás una vista distinta de Lisboa. Además, cerca de él, podrás visitar la Casa de América Latina o el Museo Nacional de Arte Antiguo.

Mirador del Parque Eduardo VII. En pleno centro

Ubicado en pleno centro de Lisboa, este mirador se levanta sobre un bello espacio verde. Desde él podrás contemplar, tranquilamente, toda la ciudad. Además, en sus inmediaciones puedes visitar el Jardim Amália Rodrigues, con un sorprendente lago artificial que lo hace todavía más impresionante

Como puedes ver, una escapada a Lisboa te permitirá tomar fotografías increíbles desde sus diferentes miradores. Además, vivirás el ambiente del fado, de la cultura lusa y el carácter más puramente latino y mediterráneo.

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