El contraste de las dunas con el agua de los lagos hacen del Parque Nacional de Lençóis Maranhenses un entorno natural que no puedes ignorar en un viaje a Brasil.

A vista de pájaro es un mar de dunas blancas. Los fuertes vientos moldean estas montañas de arena que alcanzan hasta treinta metros de altura. Pero lo que llama la atención no es la inmaculada perfección de las ondas que forman, sino los oasis que crecen entre ellas. Seis meses al año, los huecos que dejan las dunas se llenan de agua cristalina. El desierto se inunda de lagos y hasta los animales marinos acuden a disfrutar del fenómeno. Ocurre en el Parque Nacional de Lençóis Maranhenses, ubicado en el litoral de Maranhão, entre los municipios de Barreirinhas, Santo Amaro y Primeira Cruz, en Brasil.

A pesar de ser un desierto, la influencia del clima tropical brasileño hace que llueva 300 veces más que en el Sáhara. Durante la época de lluvias, de enero a junio, se registra una media de 1.600 milímetros de agua a lo largo de sus más de 155.000 hectáreas de superficie. Como consecuencia, de mayo a octubre se forman las famosas lagunas de agua dulce que dan fama y atractivo al lugar, y consiguen atraer hasta esta zona de Brasil a centenares de visitantes.

De mayo a octubre, el desierto de Brasil se llena de lagunas
De mayo a octubre, el desierto de Brasil se llena de lagunas

El origen del parque se remonta a 1981, cuando fue creado con el objetivo de proteger este ecosistema único. No solo su orografía y espacios naturales, sino también el oasis de animales que habitan en el parque. En torno a las lagunas hay aves migratorias, como el maçarico, la Marreca-de-asa-azul y el Trinta-réis. Pero además sucede un curioso viaje, el de los peces, que regresan, junto a los crustáceos y tortugas marinas, cuando reaparecen los lagos. Cuando las lagunas se evaporan en la época de sequía, se esfuman sin dejar rastro.

Explorando el desierto y sus lagos
Hasta el Parque Nacional de Lençóis Maranhenses se puede llegar tanto en coche como en avión. En este último caso se toma el vuelo –tarda unos 40 minutos– desde São Luís, capital de Maranhão, en dirección a Barreirinhas. Esta ciudad es famosa por su artesanía, pero además alberga una gran cantidad de restaurantes y hoteles. La mayoría de las excursiones parten de aquí. Para conocer el peculiar paisaje se contratan tours en vehículos 4X4, desde los que se pueden avistar animales. Estas rutas llevan hasta lugares como los oasis de la Queimada dos Britos y el Baixa Grande, situados en el interior del parque. También se puede ir andando en excursiones de entre ocho horas y un día.

 La Laguna Azul es conocida por su tamaño y aguas cristalinas
La Laguna Azul es conocida por su tamaño y aguas cristalinas

Antes de adentrarse en las dunas, es necesario cruzar el río Preguiças. Se hace en ‘voadeira’, una lancha típica de los pueblos pesqueros de la zona. Una vez en el desierto, la Laguna Azul, la Laguna de los Peces, el Lago Esperança o la Laguna Bonita salen al encuentro del visitante. La más conocida es la primera, donde puede combatirse el calor con un chapuzón. La temperatura media de la región ronda los 30º grados. Para refrescarse, también puede visitarse alguna de sus playas. El parque cuenta con 70 kilómetros de costa. Destaca la remota Caburé, a la que se llega en barco.
Otro recorrido posible estando en el Parque es acercarse a la ciudad de Santo Amaro do Maranhão, a unos 100 kilómetros de Barreirinhas. En esta zona se concentran algunos de los lagos más bonitos de la zona como el de Gaivota o el de Cabras.

Una visita a São Luís de Maranhão
La ciudad de São Luis, capital de Maranhão y Patrimonio Histórico y Cultural por la UNESCO desde 1997, es una escapada recomendable si se visita la zona de los lagos. Por una jornada, el viajero podrá alejarse del entorno natural y descubrir los encantos urbanos de la única capital de Brasil que no fue fundada por los portugueses, sino por los franceses. Suelos de adoquines, balcones de hierro y las terrazas del barrio viejo son un inspirador reclamo.

Centro histórico de São Luis. Autor: ANDRE DIB / shutterstock.com
Centro histórico de São Luis. Foto: ANDRE DIB / shutterstock.com

Se puede visitar la catedral de Nuestra Señora de la Victoria. Antes de convertirse en catedral fue Nuestra Señora de la Buena Muerte, una iglesia del siglo XVII, con una torre en vez de dos, para pagar –se cree– menos impuestos. También merece la pena dar un paseo por la calle Portugal y ver las casas coloniales y las tiendecitas de recuerdos.

Otros parques nacionales de Brasil
Brasil ofrece múltiples opciones para el turismo de naturaleza, ya sean frondosos bosques, selvas tropicales…o “desiertos inundables”. Cuenta con más de sesenta parques nacionales además del de Lençóis Maranhenses. El de las Cataratas de Iguazú, compartido con Argentina y Paraguay, es uno de los más importantes. Desde este país, los saltos son más grandes y la visión más panorámica que desde Argentina. Es Patrimonio Natural de la Humanidad y además de las impresionantes cascadas, acoge a casi 300 especies de mariposas, serpientes, papagayos, tucanes y venados, entre otros animales.

Cataratas de Iguazú. Foto: Jexa
Cataratas de Iguazú. Foto: Jexa

Otro muy interesante es el Parque Nacional de Amazonía, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000. Comienza en Iquito, Perú, y abarca hasta la isla de Marajó, en Brasil, Se le considera la selva tropical más grande del mundo, y es un sitio ideal para avisar aves durante idílicas puestas de sol.

El Parque Nacional de Chapada dos Veadeiros es otro imprescindible en el turismo de parques nacionales del país. Tiene cascadas, ríos y piscinas naturales, y combina frondosos bosques con senderos abiertos. Es también Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, desde 2001.

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