Esta Flandes coqueta, jovial y cosmopolita, empapada de pasado y con valiosos vestigios medievales, invita a los viajeros a cerrar el mapa y dejarse llevar en un paseo atemporal por sus hermosos canales –en algunos momentos-, y por sus calles adoquinadas –en otros-. Saltar de una ciudad flamenca a otra permite a los viajeros conocer un poco más de la historia de Europa, esa historia que no aparece en los libros de textos, y que siempre se queda en la memoria….por muchos años que pasen.

 

Malinas encrucijada

Brujas enreda al viajero con historias desbordantes de su opulento pasado medieval, con el encanto de sus intrincadas callejuelas que desembocan descaradamente en sus hermosos canales, y con sus casas gremiales, escalonadas y coloreadas que afloran en las riberas. A partir de los muelles, Brujas permanentemente está contagiada de una alegría, misterio y encanto que no decae en ningún instante; es más, aumenta al caer la tarde, cuando el ambiente festivo se apodera de los locales. A tiro de piedra de Brujas, sin dejar abandonar los canales, aparece Damme, dibujada en medio de frondosos y coloridos paisajes.

¿Os ha gustado la Flandes medieval? Pues sigue sus pasos en Gante, una tranquila ciudad que debe parte de su próspero pasado comercial a sus perpetuos canales – flaqueados por las antiguas casas con gabletes del siglo XII- que brindan a los turistas inolvidables paseos en barco. Cierra los ojos y escucha con atención la música del carilón… no tardará mucho tiempo en sumergirte en un estado de sosiego sin igual ¡Disfruta cada minuto, cada segundo…!

Malinas y Lovaina comparten historia, arquitectura y sublimidad. Una, asomada a románticos canales, y la otra, con un centro histórico medieval; por eso, no nos extraña que sean muchos quienes se enamoran en estas ciudades, y –cómo no- acaban enganchados a estas urbes, perfectas para pasear –a pie o en barco-, y admirar excepcionales joyas, unas más antiguas que otras. Amberes, en cambio, se abre al mundo a través de su pintoresco puerto, bañado por las aguas del río Escalda y del que parten embarcaciones para mostrar a los turistas las obras de arte que se agolpan en sus riberas.

Tras unos días paseando por las calles empedradas de las ciudades flamencas, entrando en sus museos e iglesias, deambulando por sus mercadillos, tratando de captar hasta el más mínimo detalle de sus maravillas arquitectónicas, llegamos a la capital belga, donde la magia pasa a manos de Tintín, su perro Milú o Lucky Luke. Todos los personajes del cómic –Flandes ha estado ligada a la “literatura dibujada” desde antaño- salen a la calle para recrear este fantástico mundo. Al doblar una calle, en lo alto de una ventana, en las esquinas, en los andenes de la estación de metro Stockel, emergen sonrientes personajes que hacen un guiño a sus espectadores. Los bruselenses no han tenido pudor en remodelar las fachadas de algunos de sus edificios más emblemáticos con atrevidos y alegres murales.

 

comic

Inevitablemente hay seguir la Ruta del Cómic para no dejarse ninguna viñeta olvidada y tomar un pequeño mapa que lleve, en un primer momento, al Mercado de Saint-Géry –aquí los personajes de Nero aparecen trepando por un árbol-, o a los alrededores del Palacio de Justicia, donde se suceden personajes escapando de ventanas o personajes agarrados a las cañerías… esto es una pequeña muestra de las obras que han conquistado a los visitantes de Bruselas. Échenle un vistazo a todos los murales…y para profundizar en el mundo del tebeo, no se dejen el Centro Belga del Cómic, ubicado en un sobrio edificio Art Nouveau diseñado por genial Víctor Horta.

Sabía qué…? El tren es el transporte estrella en Flandes. Con él se realizan principalmente los traslados entre ciudades gracias a su densidad, alta frecuencia, puntualidad y corta duración de los trayectos. Además no es necesario reservar billetes con antelación.

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