Sus inmensas y abundantes dunas protagonizan una tierra de pasado colonial alemán. Namibia es, además, una espectacular reserva de fauna africana. Déjate atrapar en una ruta de diez días.

Salvaje e infinita, África pocas veces decepciona. Al sur guarda un tesoro, Namibia, uno de los tantos países africanos delimitados con escuadra y cartabón sobre la mesa de un despacho de la Europa colonial. Para muestra un botón en forma de franja, la de Caprivi. Un extraño saliente del mapa de Namibia que se le otorgó a Alemania durante el ‘reparto’, forzando así una comunicación estratégica con el río Zambeze, el de las cataratas Victoria. Namibia se encuentra entre Angola, Botsuana y Sudáfrica, y es conocido como el país de los desiertos porque sus imponentes dunas cubren la mayor parte del territorio.

Namibia fue África del sudoeste alemana durante las tres décadas de mandato alemán, de 1884 hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, con herencias como Swakopmund y el poblado fantasma Kolmanskop. Descubre el desierto de Namib, pero también el Parque Nacional Etosha y sus escasos rinocerontes negros, la tribu ‘himba’ y la mayor colonia de leones marinos del mundo. ¿Ya tienes suficiente curiosidad por Namibia? Pues prepárate para una ruta de diez días por el país más joven y desconocido del África austral.

Vista aérea del desierto de Namib, Namibia.
Vista aérea del desierto de Namib, Namibia.

Día 1: Windhoek

La puerta de entrada más habitual es a través del Aeropuerto Internacional de Windhoek Hosea Kutako. Está en Windhoek, capital del país y primer destino. En su casco histórico permanecen vestigios de su pasado colonialista como la Iglesia de Cristo, templo luterano neogótico con elementos modernistas. Windhoek es el lugar perfecto para ir de compras por tiendas y centros comerciales.

Día 2 y 3: Walvis Bay y Swakopmund

Toma un vuelo directo de Windhoek hasta Walvis Bay, en el Atlántico. En esta región vacacional puedes ver flamencos y pelícanos y dar un paseo por su bahía para avistar delfines. Cerca de allí está Swakopmund, ciudad costera y principal puerto de la colonia alemana, donde destacan sus casas de estilo centroeuropeo. Hoy es uno de los principales centros turísticos de Namibia.

Día 4: Kolmanskop

Una de las razones por las que Namibia era codiciada por los alemanes era por su zona diamantífera. De aquellas minas de diamantes queda un poblado levantado como residencia de los mineros. Para asegurarse de que no se tragaban ninguno, instalaron la que fue la primera máquina de rayos X del continente. Se trata de Kolmanskop, cerca de la ciudad de Lüderitz. Un pueblo fantasma, abandonado a su suerte e infinitamente fotografiado por lo inquietante de su estampa: casas donde la arena campa a sus anchas entrando por puertas y ventanas.

La ciudad fantasma de Kolmanskop, en Namibia.
La ciudad fantasma de Kolmanskop, en Namibia.

Día 5 y 6: Desierto de Namib

Ha llegado el momento de conocer la esencia de Namibia y de donde toma el nombre: el desierto de Namib. Sus 65 millones de años y 32.000 kilómetros cuadrados lo convierten en uno de los más espectaculares. Debido a su magnitud, solo se visita una pequeña parte, el Parque Nacional Namib-Naukluft. Comienza por Sossusvlei y sus gigantes dunas de hasta 300 metros de altura, la más turística es la Duna 45. Otra famosa es Big Daddy, que ha contribuido a resguardar el paisaje más fotogénico del desierto: Deadvlei, un lago extinto que se ha convertido en una placa de arcilla blanca donde se yerguen algunos árboles ‘momificados’ desde hace 900 años.

También existen curiosos lugares como Solitaire. Una población con la única gasolinera que había en todo el territorio del desierto y que permanece decorada por antiguos vehículos semienterrados. Aunque para verdadero oasis, la pastelería que se encuentra junto a ella, que sirve la mejor tarta de manzana de todo el desierto. El broche final es un viaje en avioneta sobrevolando su inmensidad y lugares como los cañones de Kuiseb y Sesriem, uno de los pocos lugares del Namib donde hay agua todo el año.

Turistas paseando por dunas del desierto de Namib, Namibia.
Turistas paseando por dunas del desierto de Namib, Namibia.

Día 7: Costa de los Esqueletos y Cabo de Cruces

Toca visitar una de las zonas más áridas del país: Costa de los Esqueletos, llamada así por la cantidad de barcos encallados que se topaban allí una trampa natural insalvable. Por su parte, en Cabo de Cruces vive la mayor concentración de leones marinos del mundo, con varias decenas de miles.

Día 8 y 9: Parque Nacional Etosha

Hoy toca por fin un verdadero safari africano. En Namibia no todo es desierto y el Parque Nacional Etosha es prueba de ello. Es la gran reserva de fauna africana donde habitan especies como los guepardos, una de las más abundantes, y otras casi extintas como los rinocerontes negros. Ubicado al norte, ocupa una extensión de 22.000 kilómetros cuadrados, similar a la provincia de Badajoz.

Rinoceronte negro, en peligro de extinción, en el Parque Nacional Etosha.
Rinoceronte negro, en peligro de extinción, en el Parque Nacional Etosha.

Día 10: Twyfelfontein y poblado ‘himba’

La primera parada del día es en Twyfelfontein, conocido por sus restos arqueológicos de la Edad del Hierro con la mayor concentración de petroglifos. De camino, visita un poblado ‘himba’, tribu que conserva sus costumbres ancestrales. Una de ellas es que nunca se lavan con agua y las mujeres pasean semidesnudas, cubiertas con una característica capa de ocre.

Mujeres de la tribu ‘himba’ de Namibia.
Mujeres de la tribu ‘himba’ de Namibia.

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