Famosa por su vino dulce, atravesada por seis puentes y tan en calma que el Duero la elige para desembocar allí. Descubre la ciudad portuguesa, ¡querrás repetir!

Oporto desprende el encanto de lo sencillo. Una magia que te hipnotiza desde que pisas el suelo de la Ribeira. Tiene ese algo especial que pocos saben describir pero que todos animan a visitar. Oporto te acoge sin prisas, las que no tiene el Duero para desembocar en el mar. Y con la calma necesaria para que madure un buen vino: el oporto. El ritmo de la ciudad es el de un fado, y el aire que llega del Atlántico trae acordes de ‘Canção do Mar’ de Dulce Pontes. Si tu escapada es de dos días, alójate en el casco antiguo, tendrás todo a mano y podrás recorrer la ciudad a pie. Si vas a utilizar el metro, el bus o su tradicional tranvía es bueno que te hagas con la Tarjeta Andante (de 24 o 72 horas), así como la Porto Card para descuentos en museos y lugares de interés.

Día 1: Torre de los Clérigos, librería Lello y Estación de São Bento

Comienza el día en la Iglesia de los Clérigos, principal símbolo de la ciudad y uno de los más importantes de Portugal. Está cerca de la plaza de Lisboa, la Universidad de Oporto y el Jardim de João Chagas (o da Cordoaria). Es uno de los mayores ejemplos de barroco portugués, coronada por la enorme torre de granito que, con sus 75 metros y más de 200 escalones, ofrece una panorámica perfecta de la ciudad. Otro de los imprescindibles es la librería Lello e Irmão, más conocida como ‘la librería de Harry Potter’ por los viajeros, porque es el escenario en el que se inspira una de las secuencias de la saga. Sus estanterías de madera labrada, su claraboya con vidrieras de colores y su impactante escalera central de suelo rojo le han valido el título de una de las más bonitas del mundo.

La avenida de los Aliados te recibe con edificios de estilo modernista, el enorme ayuntamiento de mármol y granito (justo detrás está la oficina de turismo principal), y la plaza de la Libertad, la más importante de la ciudad. La historia portuguesa está inmortalizada sobre los azulejos del vestíbulo de la estación de tren São Bento. Las losetas azules y blancas enmarcan también la fachada de la cercana Iglesia de los Congregados.

Vestíbulo de la estación de tren São Bento katatonia82 / Shutterstock.com
Vestíbulo de la estación de tren São Bento. katatonia82 / Shutterstock.com

La Rua Santa Catarina desborda el ajetreo propio de ser la gran vía comercial. Detente a media calle y, aunque es difícil encontrar mesa, date un capricho en el Café Majestic. Conserva ese halo de la ‘belle époque’ desde que se inauguró en 1921, cuando su ambiente parisino reunía a políticos, escritores y artistas. Pasó a la historia por ser el primer café que permitía entrar a mujeres. Gracias a ello, y a que los tiempos avanzan, J. K. Rowling pudo inspirarse para escribir algunos capítulos de ‘Harry Potter’. Lo intelectual deja paso a lo mundano en el Mercado do Bolhao, no lejos de allí. Un lugar pintoresco con decenas de puestos de productos frescos.

Interior del Café Majestic en Rua Santa Catarina. Jose Ignacio Soto / Shutterstock.com
Interior del Café Majestic en Rua Santa Catarina.
Jose Ignacio Soto / Shutterstock.com

Procura que el atardecer te pille mirando la desembocadura del Duero desde el mirador del Jardim do Passeio Alegre, junto a la Fortaleza de São João da Foz. Está en Foz do Douro, residencia actual del capitán de la Selección Española de Fútbol, Iker Casillas. También desde allí se observa el entrante de tierra que forma la Praia do Cabedelo do Douro y su reserva natural protegida. Es hora de cenar en cualquiera de los restaurantes de Ribeira, con vistas al puerto y al Puente Don Luis I que, junto con la Torre de los Clérigos, otorga identidad la ciudad. Está construido en hierro y a dos alturas, la superior dedicada al metro y la inferior, al tráfico rodado. Pero el verdadero protagonista es su gran arco.

Vista del Oporto y su puente Don Luis I.
Vista del Oporto y su puente Don Luis I.

Día 2: Palacio de la Bolsa, Sé do Porto, crucero y bodegas

Móntate en el funicular Dos Guindais desde Cais da Ribeira o en el ascensor da Ribeira hasta la parte alta para visitar la Sé do Porto. La catedral románica del siglo XII es uno de los monumentos más antiguos de la ciudad. Después, apúntate a una visita guiada para conocer el Palacio de la Bolsa, donde la Sala Árabe sobresale entre las demás por la opulencia de su iluminación y juego cromático. Y como no puedes estar en el Duero y no navegarlo, apúntate a la actividad estrella en Oporto: el crucero por los seis puentes  (de María Pía, de la Arrábida, de São João, Pênsil, do Infante y Don Luis I).

Sala Árabe del Palacio de la Bolsa, Oporto. Sean Pavone / Shutterstock.com
Sala Árabe del Palacio de la Bolsa, Oporto.
Sean Pavone / Shutterstock.com

El punto de partida y de llegada del crucero es la vecina localidad de Vila Nova de Gaia. Está cruzando el puente, en la otra orilla del Duero, donde se encuentran las bodegas (el crucero suele incluir la entrada a alguna de ellas con cata de vino incluida). El vino oporto se cosechaba en el Alto Duero, pero se transportaba en barricas río abajo en los clásicos rabelos (embarcaciones pequeñas presentes en el río) hasta bodegas de Gaia como Sandeman, Cálem, Ferreira y Ramos Pinto. Haz que tu viaje sea redondo adquiriendo el paquete que, además de crucero y visita a una bodega, incluye un tour en bus turístico por toda la ciudad.

Bodega de Oporto
Bodega de Oporto

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