Si te dan vértigo los grandes cruceros marítimos, apuesta por el turismo fluvial. En España y Portugal tienes muchas y variadas opciones para disfrutar de paisajes de interior. 

Cuando se habla de cruceros la historia siempre suena igual: transatlánticos tan altos como edificios cruzando los mares, pero lo cierto es que también hay muchos ríos navegables. Los cruceros son la perfecta mezcla entre turismo, hospedaje y transporte. Estas son las características comunes. Pero, ¿conoces las diferencias?

Ventajas de los cruceros fluviales

Existen cruceros fluviales para excursiones de un solo día, una actividad complementaria al turismo ‘de tierra’. Sin embargo, la experiencia más completa es hospedarse varios días en un barco y que este sea tu hotel y medio de transporte al mismo tiempo. En los cruceros fluviales nunca pierdes de vista la tierra; constantemente puedes ver los márgenes con paisajes cambiantes, lejos de la estampa que ofrecen los marítimos en los que se suceden las horas del día viendo solo agua y horizonte. Otra de las ventajas es que los muelles en los que atraca el barco no son enormes puertos. Los fluviales suelen estar en pleno centro de la ciudad. Lo que se traduce en más tiempo para conocer los sitios de interés, con paradas mucho más ágiles.

Sea cual sea el paisaje, siempre podrás verlo hasta desde la cama porque, como las embarcaciones son más pequeñas, las habitaciones suelen ser todas exteriores. Y los camarotes son igual de grandes y cómodos que los marítimos. En el caso de hospedaje de varios días, un barco fluvial es mucho más acogedor porque los viajeros rondan el centenar, mientras que en los marítimos se cuentan por miles. Se crea una familiaridad entre turistas y una atención más personalizada de la tripulación. No todos cuentan con piscina por sus reducidas dimensiones, pero sí con actividades de ocio. Y para los que se marean, no hay que preocuparse porque se mueven menos que un tren. La velocidad es inferior a un transatlántico, entre 10 y 20 kilómetros por hora (de cinco a once nudos). Y la última ventaja es mucho más práctica: te ahorras el esfuerzo de hacer y deshacer maletas cada dos días. Por Europa existen muchas opciones de cruceros por el Volga, el Danubio, el Loira o el Dniéper, entre otros.

Río Volga.
Río Volga.

Navegando por los ríos de España

Entre los ríos patrios, el Guadalquivir es una buena opción para hacer un crucero fluvial. No hay mejor manera de conocer el encanto de Andalucía que navegando por su río más importante. Muchos de estos cruceros parten de Sevilla y durante una semana visitan gran parte de la comunidad andaluza. Uno de los recorridos más habituales es el que visita Córdoba, Granada, Isla Mínima, Cádiz y El Puerto de Santa María en una semana. La meta, de nuevo en la capital hispalense. El norte de España también ofrece viajes fluviales. La ruta de los Cañones del Sil (en Galicia) recorre los paisajes entre Orense y Lugo en una excursión de un día en catamarán desde el Embalse de Santo Estevol. Una zona montañosa a ambos márgenes en la que los romanos lograron construir viñedos en el siglo I. Tiempo después, lo monjes consiguieron conservar y fundar sus monasterios, por eso a esta zona es conocida como Ribiera Sacra y su capital es Monforte de Lemos.

Río Guadalquivir.
Río Guadalquivir.

Atracando en el país vecino

Algunos de los cruceros fluviales que parten de España continúan su recorrido por Portugal a través de los ríos Tajo y Duero. El barco Balcón del Tajo ofrece una experiencia transfronteriza de un día por el Parque Natural Tajo Internacional, entre Cáceres y la región portuguesa Castelo Branco. Además del paisaje, se puede disfrutar observando la migración de las aves. El recorrido dura unas dos horas y pasa por localidades como Cedillo y Lentiscais.

Rabelos, clásica embarcación portuguesa del Douro.
Rabelos, clásica embarcación portuguesa del Douro.

En la parte española del Duero, se puede optar por una excursión por el Parque Natural de los Arribes del Duero, que comparten las provincias de Zamora y Salamanca. A su paso, grandes paredes montañosas y aves como la cigüeña negra y el águila real. Conoce también la región en la que el Duero se convierte en Douro. Desde Vila Nova de Gaia (Oporto) parten los barcos hasta Peso da Régua. El mismo trayecto que durante décadas han hecho las barricas de vino sobre los rabelos. Esas clásicas embarcaciones llevaban el caldo desde el lugar de su cosecha en el alto Duero, hasta las bodegas de Gaia donde maduraban durante años. Para conocer mejor la cuna del vino, quédate dos noches. Al día siguiente, el crucero pasa por Pinhão, Barca d’Alva y desembarca en Pocinho donde se toma un tren de regreso a Oporto. Pero la mejor aventura por el Duero es un crucero de una semana. Además de todo lo anterior, se realizan excursiones diarias para conocer otros lugares más alejados como Braga, Ferradosa, Vila Real o Guimarães. Sea el Valle del Duero o cualquier otra la elección, los barcos fluviales son una modalidad de turismo que aporta experiencias con un encanto diferente a otro medio de transporte.

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