Nos escondemos en tres ciudades abandonadas para disfrutar de un viaje al margen de las molestas oleadas de turistas que asolan los destinos más típicos.

Belchite Viejo

La primera parada la hacemos en España, concretamente en Belchite Viejo. Y es que si bien el pueblo zaragozano de Belchite ya había sido testigo de batallas durante la Guerra de la Independencia y la Primera Guerra Carlista, el cruento enfrentamiento entre los bandos republicano y nacional durante la Guerra Civil terminó por herirlo de muerte. El ejército republicano inició una ofensiva en Belchite con el objetivo de hacerse rápidamente con Zaragoza que dio como resultado una salvaje cruzada a pie de calle. La batalla de Zaragoza se convirtió en la batalla de Belchite sin razón aparente, ya que se trataba de una plaza secundaria sin gran interés estratégico. En 1938 las tropas republicanas fueron arrolladas y la población superviviente no tuvo más remedio que desplazarse para construir un nuevo pueblo a escasos metros de las ruinas que dejaron atrás.

Hoy, la Oficina de Turismo de Belchite organiza visitas guiadas (por algunas partes del pueblo) por los propios descendientes de los vecinos que habitaron la población. Parte del dinero recaudado se destina a la conservación del entorno para así evitar perder un pasado al que ya le fue arrancado el futuro de la peor manera. Y si por el día la historia sobrecoge, por la noche esta sensación se multiplica. Por eso, durante los viernes y sábados del mes de septiembre y siempre que las condiciones climatológicas lo permitan, vas a poder apuntarte a una de las visitas guiadas nocturnas que se realizan en horario de 22:00 a 23:30, y que hay que reservar con antelación en la oficina de turismo del pueblo. Es, sin duda, la mejor manera para conocer el lado más misterioso de esta población que encierra en su interior leyendas, algunas de ellas trágicas, que piden a voces ser contadas. Si no quieres pasar más miedo del necesario, te recomendamos llevar tu propia linterna: las calles no están iluminadas.

Craco

En Italia nos espera, con ilusión por ser visitada (algo que no ocurre demasiado a menudo), Craco. El abandono que sufre esta villa medieval situada en la provincia de Matera, al sur de Italia, no se debió a ninguna batalla, por mucho que su aspecto de ciudad fortificada que domina la colina nos haga sospechar lo contrario. De hecho, ni siquiera la mano del hombre tuvo nada que ver con su desolada figura de hoy. Su construcción sobre un acantilado de terreno arcilloso combinada con la acción de la madre naturaleza fueron los causantes de que Craco sea hoy una ciudad fantasma. La amenaza geológica del lugar era ya conocida desde el año 1910 y fue a mediados del siglo XX cuando los seísmos recurrentes provocaron corrimientos de tierra imposibles de ignorar. Entre los años 1959 y 1972 muchas partes de la villa se vieron seriamente dañadas y entre tanto, sus habitantes fueron desplazados a la localidad de Peschiera, donde tuvieron que vivir durante años en barracones y campamentos mientras el gobierno trataba de ofrecer a los afectados una solución más digna.

Craco ha conseguido resurgir de vez en cuando, al menos cinematográficamente, como escenario de películas. Una de las más conocidas es ‘La pasión de Cristo’, dirigida por Mel Gibson. Y a día de hoy, aunque sólo es accesible para el público en visitas guiadas y programadas, algunos edificios, palacios e iglesias se esfuerzan por mantenerse intocables en medio de las ruinas que los rodean, como recordatorio de que antes de este abandono, Craco albergó en su interior una vibrante existencia que ahora cuesta imaginar. También para favorecer su conservación y desde el año 2010, la ciudad forma parte de la Watch List del World Monuments Fund, una lista de monumentos que se encuentran, por unas razones o por otras, en serio riesgo de desaparecer.

hombre a caballo Calico

Y de ciudades abandonadas de verdad a otra que ha aprovechado esta condición para resurgir a costa del turismo: Calico. Y es que basta con una visita a este antiguo pueblo minero de California, localizado en el condado de San Bernandino, nos demuestra que hasta de los fantasmas se puede sacar tajada. Al contrario que muchos otros lugares abandonados a su suerte, Calico se ha convertido en toda una atracción turística con tiendas y restaurantes. Antes tuvo que disputarse con Bodie, otro pueblo minero de California, el preciado título de ciudad fantasma oficial del Estado. Y como si se tratara de las Olimpiadas, Bodie se hizo con el de pueblo fantasma oficial de la fiebre del oro y Calico con el de plata.

El pueblo original fue creado en 1881 y con sus 500 minas produjo más de 20 millones de dólares en mineral de plata en apenas 12 años. Cuando la plata perdió su valor, Calico perdió su población, convirtiéndose en un pueblo fantasma. En 1950 un granjero llamado Walter Knott lo compro y reconstruyó sacándole de su letargo. A día de hoy sólo un tercio de los edificios son originales, pero eso no disuade en absoluto a los turistas que acuden a él como si de un parque temático se tratara.

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