Suenan a gaita (escocesa, por supuesto) y huelen a tierra mojada. Las has visto mil veces en el cine, pero es hora de recorrer las Tierras Altas con tus propios pies.

“¡Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán la libertad!”. El grito de William Wallace todavía resuena en las verdes montañas escocesas. La voz se la puso Mel Gibson en la oscarizada ‘Braveheart’ (1995). La película narra la lucha de este héroe escocés contra la ocupación inglesa en la Primera Guerra de Independencia de Escocia, y el paisaje de la cinta no es otro que las Highlands en plena Edad Media. El tiempo parece no haber pasado por esta región de paisajes indómitos y solitarios, su belleza permanece intacta.

Tren de vapor Jacobite pasando por el viaducto Glenfinnan.
Tren de vapor Jacobite pasando por el viaducto Glenfinnan.

Mel Gibson no fue el único en llevar al cine la magia de las tierras escocesas. Harry Potter también pasó por aquí subido en el Expreso de Hogwarts. El tren que aparece en la película es en realidad el Jacobite Steam Train, un ferrocarril de vapor con uno de los recorridos más asombrosos del mundo. El tramo más llamativo es cuando cruza el viaducto de Glenfinnan. Para cogerlo, no hace falta ir al anden 9 y ¾, parte de Fort William y dos horas después llega al pueblo costero de Mallaig, justo enfrente de la isla de Skye. No es la única ruta que ofrecen las Tierras Altas, el corazón de Escocia tiene mucho que ofrecer. Incluso a los ‘muggles’.

La capital de las actividades al aire libre

La accidentada orografía de las Highlands ofrece muchas alternativas a la hora de planear tu viaje: montañas, valles, lagos… Aquí puedes observar una aurora boreal mientras haces camping, hacer rutas de senderismo y hasta asistir a los “juegos olímpicos escoceses”. Una de las excursiones estrella es visitar el Lago Ness. Según la leyenda, en él se esconde el monstruo Nessie. Si existiera, le resultaría fácil escabullirse, ya que se trata del lago más grande del país con 37 kilómetros de largo y hasta 213 metros de profundidad. Realidad o ficción, el lugar desprende misterio.

Igual de misterioso, pero por su envergadura, es el Parque Nacional de Cairngorms que se extiende por más de 4.500 kilómetros. Es el parque nacional más grande de Gran Bretaña y comprende cinco de las seis montañas más altas del Reino Unido. Una buena forma de descubrirlo es recorrer sus pistas de esquí de fondo, hacer alguna ruta de ciclismo de montaña o apuntarse a clases de orientación. Fort William es otro de los destinos esenciales para los amantes de las actividades al aire libre. Además de senderismo, ofrece infinitas opciones: pesca, golf, kayak, rafting, barranquismo… Muy cerca, está Ben Nevis, el pico más alto de Gran Bretaña. También podemos practicar escalada en la Isla de Skye. Allí están las ‘Cuillins Negras’, cuyo punto más alto es Sgurr Alasdair a 992 metros. Conquistarlo no es tarea fácil, pero la recompensa son unas vistas panorámicas de todas las Highlands.

Gordon Castle Highland Games en Moray Foto: JASPERIMAGE / Shutterstock.com
Gordon Castle Highland Games en Moray Foto: JASPERIMAGE / Shutterstock.com

Después de la aurora boreal, que se deja ver en los meses de invierno, uno de los acontecimientos más curiosos a los que se puede asistir en las Highlands son los juegos tradicionales escoceses. Los Scottish Highland Games son unas ‘mini-olimpiadas’ en las que lo más liviano es levantar un tronco de 80 kilos y seis metros de largo. Carreras de sacos, de longitud, lanzamiento de pesos, ‘tira y afloja’… Todo ello ataviados con el tradicional ‘kilt’ con estampado de tartán. De mayo a septiembre se celebran más de 80 por las islas, villas y pueblos de la región. El de Braemar es uno de los más históricos y tiene lugar el primer sábado de septiembre. Hasta la Reina de Inglaterra suele acudir a la cita.

Leyendas y castillos medievales

Además de por su naturaleza salvaje, las Highlands se caracterizan por sus castillos medievales. Uno de los más icónicos es el de Eilean Donan. Estratégicamente situado en una isla y rodeado por las montañas boscosas de Kintail, pretendía así protegerse de las incursiones enemigas. El castillo que vemos hoy en día fue reconstruido a principios del s. XX. Es la cuarta versión, la última después de que permaneciera en ruinas durante casi doscientos años.

 Castillo Eilean Donan, Highlands de Escocia
Castillo Eilean Donan, Highlands de Escocia

El castillo de Dunrobin, con 189 habitaciones, es uno de los castillos habitados más antiguos del país. Data de principios del 1300 y su actual dueño es el señor Strathnaver, que comparte con los visitantes (y, según dicen, con un fantasma) el hogar de sus antepasados.

El Castillo de Cawdor, al suroeste de Nairn, también debe mucho a sus antepasados. Ha sido relacionado con ‘Macbeth’ a pesar de que la acción que se desarrolla en la novela transcurre siglos antes de que se construyera el castillo. Los barones que vivieron en él en el siglo XIV comparten apellido con un personaje de la novela. Aún así, el castillo tiene su propia leyenda. Se dice que fue construido alrededor de un árbol, se cree que de un acebo del año 1372 que aún puede visitarse en el calabozo.

Nuestro recorrido acaba donde empezó, a las orillas del Loch Ness. Allí están las ruinas del Castillo de Urquhart. Con mil años de vida a sus espaldas, tienen mucho que contar. Allí se vivieron algunos de los capítulos más dramáticos de la historia escocesa. Ahora, desde la Torre de Grant, observan el lago y esperan pacientes a que aparezca Nessie para seguir sumando historias que contar.

Castillo de Urquhart, con el Lago Ness al fondo
Castillo de Urquhart, con el Lago Ness al fondo

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