Llegar al otro extremo del mundo para disfrutar de una luna de miel perfecta es llegar al paraíso, ese que un día bajó del cielo para convertirse en terrenal, instalarse en el océano Pacífico y deleitar a los puros de espíritu y también a los pecadores, ¿por qué no? Hablamos de la Polynesia Francesa, un grupo de más de 100 islas con imágenes volcánicas y coralinas rodeadas por un mar y unas playas que quitan la respiración. En sus idílicos parajes naturales y hoteles de lujo viviréis una experiencia completa durante vuestro viaje de novios.

Cóctel en tumbonas

La isla de Tahití es la mayor representante del conjunto, con más de 4000 km2 de extensión. Ahí se ubica su capital, Papeete, donde podéis comenzar la experiencia. Aseguraos de armar toda una agenda antes de realizar el viaje, considerando paseos por la naturaleza, escapadas para bucear y recorrer algunas islas y, por supuesto, contemplad alojaros en algún bungaló sobre el agua.

Papeete, donde no todo son playas

Aterrizar en la capital de la Polynesia Francesa es adentrarse en el equilibrio, es decir, la combinación perfecta entre montañas de colores vibrantes en el horizonte y playas espectaculares de arena negra. ¿Por qué? Por el origen volcánico de Tahití. Aquí tendréis la oportunidad de hacer unas fotos espectaculares.

Tened en cuenta que viajar hasta este conjunto de islas provoca jet lag, así que tomadlo con calma el primer día, sin muchos esfuerzos para no desgastaros los días posteriores. Aprovechad para dar una vuelta por las calles de la capital: allí veréis el mercado que prácticamente es el centro del comercio de todo el país. Abren a las 5 de la mañana y podéis encontrar desde pescado, frutas, hortalizas y carnes hasta las famosas flores tropicales o artesanías. Si seguís caminando, encontraréis muchos puestos callejeros concentrados en un solo lugar en el que venden un rico pescado, tanto fresco como preparado, que hará que os chupéis los dedos. A estos puestos se les conoce como roulottes.

Papeete
Papeete

Oferta cultural interesante

Aunque se trate de una isla, en Papeete hay múltiples actividades culturales por hacer, como visitar los museos. El Tahití Pearl Center está dedicado a la perla negra, y el Gauguin a Paul Gauguin, quien vivió en la isla de Mataiea y que posee la segunda colección más grande de Gauguin, por detrás del museo de Orsay, en París.

Uno de los espectáculos más bellos de Papeete es el Jardín Botánico, muy cerca de la Cascada Vaiharura, un impresionante trazo tropical en la capital. Además, podrás visitar la tumba del rey Pomaré, el último rey de Tahití, y el Lagoonarium, uno de los observatorios más grandes del planeta. En él se pueden ver desde tiburones hasta tortugas gigantes. Y a unos 50 km de la capital está el sopladero de Arahoho. Se llama así por el ruido que hace el mar cuando se adentra en una oquedad de la formación.

Moorea, la isla del “lagarto dorado”

Se ubica a 17 km de Tahití, un lugar perfecto si queréis alejaros del mundanal ruido de la capital momentáneamente. Un barco os puede alejar un poco para regresar a la capital y emprender el viaje definitivo desde allí a Bora Bora, el destino final y más importante de vuestra luna de miel.

Pero Moorea vale mucho la pena. El nombre de la isla significa “lagarto dorado” y viene de una leyenda tahitiana que culpa a este reptil de haber partido con su cola las dos bahías de la isla: Opunohu y Paopao.

Montañas de Moorea
Montañas de Moorea

Senderismo por sus paraísos montañosos, moverse en kayak o canoa por el agua, bucear o simplemente darse un chapuzón son actividades perfectas para realizar en esta isla de 133 km2.

Bora Bora, la isla más bonita del mundo

Bora Bora se ubica a 230 kilómetros de Tahití, así que es mejor ir en avión para no perder mucho tiempo. Si tenéis más días disponibles, entonces es aconsejable ir en barco para disfrutar de otros parajes increíbles. El aeropuerto de Bora Bora no está en la isla, sino en la cercana Mote, un islote. El vuelo desde Tahití tarda unos 50 minutos.

La isla está rodeada por un arrecife que la mantiene tranquila. Alrededor de la misma hay islotes o motus, que dibujan bahías de aguas dormidas y tienen formas caprichosas. Bora Bora está coronado por el monte Otemanu, de 725 metros de altura, con picos con forma de dientes de sierra. El monte hermano se llama Pahia y tiene 660 metros de altura.

Monte Otemanu, Bora Bora
Monte Otemanu, Bora Bora

Una laguna espectacular

Muchos opinan que Bora Bora es la isla más espectacular que se hizo en la Tierra. Es posible. Muy probable. Lo cierto es que esta isla puede ser la última parada de un viaje que jamás olvidaréis. Conocida como “la perla del Pacífico”, Bora Bora cuenta con playas de arena blanca y muy fina. Se trata de un atolón con una laguna (lagoon) interior que se comunica con el mar por medio de estrechos pasos.

Su juego de colores naturales coronados por el azul (ofrece más de 30 tonos diferentes), hace que la isla sea, prácticamente, hipnótica. En su laguna -el mayor atractivo turístico de la isla- se puede nadar con tiburones, explorar con lanchas, motos de agua, canoas o kayaks, hacer esnórquel y otros deportes náuticos o simplemente disfrutar del sol, la arena, el agua y, al fin, del descanso en sus bungalós sobre la laguna, como siempre visteis en las fotos y en las películas. Es más que suficiente para darle el cetro de lugar paradisíaco.

Y si lo que te gusta es descubrir y explorar, puedes adentrarte en la jungla de la isla con un todoterreno. Lo curioso es que en ella puedes encontrar restos de la Segunda Guerra Mundial porque fue una base para guardar armas en el Pacífico Sur. Estos restos contrastan con lo que queda de algunos templos tradicionales.

Sin duda, esta isla es una de las mejores elecciones que puedes incluir en tu lista de posibles destinos para celebrar tu tan esperada luna de miel. Será inolvidable.

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