Tamarindo

En el noroeste de Costa Rica se encuentra una de las playas más famosas del país, lista para satisfacer las ganas de surf, buceo o disfrutar de uno de los lugares con más ambiente nocturno de la costa tica.

Nos fue fácil encontrar habitación en los muchos hostales reservados para bagpackers. Lanzamos las mochilas a la cama y fuimos directos a degustar uno de esos atardeceres embriagadores que relativizan cualquier problema mientras el sol se oculta tras el mar.

Atardecer en Tamarindo
Atardecer en Tamarindo

El desovar de tortugas gigantes

Además de olas y noche caribeña, Tamarindo también ofrecía la posibilidad de ver cómo las tortugas gigantes iban a desovar a la playa.

Dicen que la arena donde se posan los huevos formará parte del ADN del animal durante el resto de su vida y cuando las pequeñas crezcan, volverán justo al lugar donde nacieron para hacer que el ciclo continúe.

Pagamos la voluntad a un lugareño experimentado que conocimos en Playa Grande, y nos guió al anochecer a buscar las tortugas que habían acudido bajo la luz de la luna a depositar sus huevos. No es difícil vivir esta experiencia entre julio y octubre.

Tras un largo paseo a oscuras nos tropezamos con un enorme caparazón que asomaba desde el agua. El momento en el que la tortuga laud salió del mar y comenzó su ritual, comprendí que estaba ante una maravilla de la naturaleza.

Tortuga
Tortuga

Torpe pero firme, la tortuga recorrió una distancia de unos 150 metros orilla adentro dejando un surco tras de sí que precedía al agujero que usaría de nido tras más de una hora y media escarbando con sus aletas traseras. A partir de ese momento no debíamos usar flash, no se podía alumbrar con linternas. Debíamos permitir que el animal permaneciera en trance y sintiera que estaba en lugar seguro.

Nuestro improvisado guía, instaló en la parte trasera del caparazón una luz como las que se usan para velar fotografías, inofensiva para el animal,  para que viéramos la vida nacer. De repente, se hizo el silencio. La tortuga expulsó el primer huevo, envuelto de moco viscoso, del tamaño de una pelota de ping pong, y absolutamente precioso. Echaba una futura tortuga dentro de su cascarón cada dos minutos hasta que llenó el nido con más de 100 huevos.

 

Desovar de las tortugas
Desovar de las tortugas

 La ‘cara B’ del desovar de las tortugas es que son un negocio negro y muy lucrativo para los cretinos ladrones de huevos, que los venden a precio de oro a los restaurantes de la zona. Delito que supone que cada año vayan menos tortugas a estas costas.

Puente del río Tárcoles

Nuevo día, nuevo rugir de nuestro motor para emprender la marcha. Destino, suroeste.

Hay un punto en el mapa de Costa Rica que llama poderosamente la atención, donde resbalarse supone un paso fatal, donde caerse no es una opción… El puente del río Tárcoles.

Mandíbulas en el río Tárcoles
Mandíbulas en el río Tárcoles

Camino de Punta Arenas a Manuel Antonio, un cartel nos detuvo en el camino,

‘SE INFORMA QUE MEDIANTE LA LEY DE CONSERVACIÓN DE LA VIDA SILVESTRE, SE PROHÍBE LA ALIMENTACIÓN DE COCODRILOS SILVESTRES’.

Desde el puente del río Tárcoles
Desde el puente del río Tárcoles

El río Tárcoles nace en el centro del país y tras más de 100 km atravesando las ciudades ticas más pobladas desemboca en el golfo de Nicoya, al suroeste del mapa.

Los habitantes de la zona nos contaron que desde hace décadas los cocodrilos americanos tomaron ese punto como centro de referencia gracias a las laderas de cordillera volcánica a ambos lados del río.

Cocodrilos Americanos
Cocodrilos Americanos

Es tal la concentración de cocodrilos salvajes bajo el puente que se ha convertido en un famoso e improvisado punto turístico. Cada año los reptiles crecen en número. El único policía que vigilaba el lugar nos confesó que se daban ataques al ganado de cerca de la rivera del río. La sobrepoblación descontrolada estaba generando un problema.

Mandíbulas!
Mandíbulas!

Manuel Antonio

Era el momento de olvidar mandíbulas con dientes infinitos para relajarnos en la mejor playa de Centroamérica. Manuel Antonio, welcome to heaven.

Playa de Manuel Antonio
Playa de Manuel Antonio

Uno de los paraísos más increíbles del país nos esperaba, donde un bosque tropical plagado de vida se fundía con una playa de ensueño. Manuel Antonio, considerada la mejor playa de Centroamérica según el «Travellers Choice 2013» en Tripadvisor.

Manuel Antonio, panorámica
Manuel Antonio, panorámica
Aguantando la respiración en Manuel Antonio
Aguantando la respiración en Manuel Antonio

Iguanas gigantes, adorables pizotes, mapaches apostados en las ramas de los árboles, pájaros tropicales que rompían con su rotundo cantar el silencio de la selva…

Iguanas gigantes
Iguanas gigantes

Respeto por la naturaleza, personas de todos los rincones del planeta agrupadas con guitarras y cerveza fría compartiendo las increíbles sensaciones que desprende el estar arropado por un entorno privilegiado. Manuel Antonio es una zona TOP de Costa Rica. Desactiva tus filtros de Instagram, aquí no los vas a necesitar.

Manuel Antonio, sin filtros
Manuel Antonio, sin filtros

Desde la carretera, vimos en lo alto de la colina una aeronave que parecía estrellada y llamó poderosamente nuestra atención. Resultó ser un avión de guerra en cuyas entrañas había un improvisado restaurante donde nos chupamos los dedos con una sopa de marisco sensacional.

El Avión, un restaurante de altura
El Avión, un restaurante de altura

Corcovado

Tras playazas, junglas, ríos desbocados, volcanes y animales salvajes, dejamos lo mejor para el final. Todo junto, y más intenso. Mi rincón favorito en todo el planeta.

No había oído hablar de ‘un lugar…’, había oído hablar de ‘El lugar’El punto del planeta más rico en vida, con mayor biodiversidad que existe del globo. Apartado de todo, como si el tiempo no hubiera pasado en milenios y donde la naturaleza es la reina absoluta en cada centímetro cuadrado. Aquí eres un visitante y para ser bien recibido tienes que respetar cada grano de arena, cada raíz que pisas, cada rama que retiras para seguir adelante.

Bienvenido al Parque Nacional de Corcovado.

Entrada a Corcovado
Entrada a Corcovado

Para llegar hasta allí lo más fácil es alquilar un coche, necesitarás un 4×4 para atravesar caminos rocosos, cruzar ríos que cubren hasta casi la ventanilla y zonas donde sólo estarán dos ruedas apoyadas sobre el lodo mientras la pendiente amenaza con volcar tu vehículo.

4x4
4×4

Dirección Inter American Highway hacia el sur, recortando la costa oeste. La carretera ya nos dio el primer aviso, encontramos un todoterreno atascado con un remolque en el que ponía ‘Peligro’. Se había quedado atrapado en el barrizal y no conseguía ascender la cuesta que nosotros descendíamos.

Problemas
Problemas

Tras conseguir sortearlo, nos detuvimos en Chacarita para comprar víveres que nos dieran energía y en las estación de servicio conocimos a Margarita, una tica de 52 años que llevaba en brazos a su tercera nieta, de carita absolutamente angelical.

Margarita
Margarita

Nos contó que debía esperar allí, sentada en un banco de piedra a más de treinta grados a la sombra durante cuatro horas porque había perdido el autobús que la llevaba a Puerto Jiménez, pueblo cercano a Corcovado. Su destino estaba cerca de nuestra dirección, nos ofrecimos a llevarla a cambio de una charla en la que nos contó sus costumbres y nos avisó de los peligros que nos íbamos a encontrar. Tras una hora y media de trayecto alcanzamos Puerto Jiménez y dejamos a Margarita a buen recaudo.

Estaba prohibido entrar en Corcovado sin guía, era demasiado peligroso. En el pueblo nos dieron el nombre de quien estaba mejor valorado por el parque y por los propios viajeros, Álvaro Montoya. Cerramos el trato para verle al siguiente amanecer. Nos dimos el último baño antes de descansar, nos esperaba un día duro, muy duro…

Último baño antes de Corcovado
Último baño antes de Corcovado

 

Preparamos la mochila. El mejor consejo que te puedo dar es que eches cuantos menos cosas mejor. Bolsas estancas para el material sensible, zapatos impermeables, crema solar, bolsas de basura, comida (dentro del parque no hay nada para comprar) y mucha, mucha agua.

Nos despertamos a las 3.00h de la madrugada, habíamos quedado con Álvaro media hora después. Hicimos la última parada en Puerto Jiménez para conseguir todo el agua que podíamos transportar y salimos dirección a una nueva aventura en nuestro viaje. Dejamos el 4×4 aparcado en la entrada y nos dirigimos hacia kilómetros y kilómetros de las playas más salvajes que he visto en mi vida.

 Let's go Randy!
Let’s go Randy!

Álvaro, “divorciado y casado con la naturaleza” como le gustaba decir. Era un hombre curtido, menudo pero muy atlético, con mirada serena y tantos años caminando a través de ese entorno que transmitía toda la seguridad del mundo.

Nos adentramos en el lugar con más variedad de animales, plantas y naturaleza salvaje que existe. Desde las 4.45h de la madrugada el sol había empezado dibujar sombras y el calor comenzaba a hacernos sudar.

Mapa para Corcovado
Mapa para Corcovado

Más de 30 kilómetros nos separan de la estación en la que debíamos descansar. Teníamos que llegar antes del anochecer.

La única banda sonora que se escuchaba era el canto de los pájaros tropicales que sobrevolaban nuestras cabezas, el sonido de las olas y la algarabía constante de animales desatados tras un muro de palmeras que vigilaban permanentemente la costa.

 

Las palmeras vigilan en Corcovado
Las palmeras vigilan en Corcovado

No había camino, no había señales. Había vida en cada poro del suelo, sobre cada rama. No había una sola esquina donde nuestros ojos no quedaran asombrados.

La hora en la que se iniciaban las rutas dependía de la marea. Cambiaba cuatro veces al día y había un punto del mapa que sólo se podía atravesar cuando estaba baja. Los tiburones sarda se adentraban en el parque cuando la mar estaba alta para dar caza a los pájaros que iban a pescar a la laguna. También había cocodrilos que esperaban en las orillas que no éramos capaces de identificar a primera vista. Por eso, cruzar cada arroyo suponía un desafío donde nada podía fallar. ¿Acaso ves tú al cocodrilo?

Busca al cocodrilo
Busca al cocodrilo

Ahora seguro que sí.

Ahí está el cocodrilo
Ahí está el cocodrilo

Seguimos caminando y aceleramos el paso. Álvaro nos apremiaba porque advertía que la marea subía rápido e íbamos a llegar al cabo Punta Charcha cuando el mar nos iba a llegar por la cintura. Guardamos la cámara de fotos en las bolsas estancas, abrigamos las mochilas y nos preparamos para cruzar el punto crítico. Habíamos llegado al saliente donde las olas rompían violentamente contra la roca. Nuestro guía veía nacer las olas incluso detrás del horizonte y a su señal… ¡Nos lanzamos!

 La fuerza del oleaje nos zarandeó y nos empujó contra la pared. Conseguimos sortear la siguiente ola y corriendo sobre las rocas que se adivinaban entre la espuma que precedía a la siguiente embestida conseguimos llegar al otro extremo de la playa.

Al otro lado
Al otro lado

Seguimos nuestro recorrido y sólo quedaba media botella de agua de las cinco que transportábamos. El calor cada vez nos asfixiaba más y Álvaro nos avisaba que aún quedaban más de tres horas para llegar a la estación La Sirena. Sólo había una solución, variamos el rumbo y nos dirigimos a un río con agua dulce, nos arriesgamos a ingerir alguna bacteria, pero no teníamos opción.

Una vez saciados, continuamos. Otra sorpresa a nuestro paso, la ballena. Hacía varios años la cría de cetáceo quedó enredada en una red de pescadores. La marea la empujó jungla adentro para descansar a la sombra para siempre.

Con la ballena
Con la ballena

Osos hormigueros, un buitre comiéndose los restos de un mono a la orilla de la playa, árboles milenarios… La crudeza y la belleza de la existencia animal.

Oso hormiguero
Oso hormiguero

El desayuno del buitre

El desayuno del buitreCada hora que pasábamos me sentía como un protagonista de Lost o a los mandos del Far Cry.

Quién a buen árbol se arrima
Quién a buen árbol se arrima

Barcos naufragados entre las rocas, tapires, cavernas plagadas de murciélagos y pizotes salpicaban todo el terreno.

Saliendo de la gruta
Saliendo de la gruta

Las piernas flaqueaban y las mochilas pesaban cada vez más, pero al final el esfuerzo mereció la pena. Conseguimos nuestro objetivo, llegar antes del anochecer. Llegamos a un valle tan perfecto que llegué a pensar que era mi imaginación, allí estaba la estación La Sirena.

Entrada a La Sirena
Entrada a La Sirena

Un lugar donde cabíamos alrededor de 30 personas. Había un generador de electricidad que en pocas horas se desconectó y la comida que llevamos en nuestro equipaje la debíamos cocinar allí.

Montamos las tiendas de campaña rápido, mientras todavía quedaba luz. Queríamos aprovechar los últimos rayos de sol para ver un nuevo crepúsculo en la costa.

Un atardecer delicioso
Un atardecer delicioso

Volvimos a La Sirena, nos dimos una ducha con agua fría y cenamos unos macarrones con algo de tomate que para nosotros supieron a auténtico manjar. Tras el festín, caímos  fulminados sobre el colchón dentro de la tienda de campaña. Sólo algunos murmullos en varios idiomas se resistían a apagarse.. Mis ojos se cerraron sin tregua.

Tras cinco horas que para mí fueron como un suspiro, Álvaro nos despertó para retomar el rumbo cuando aún brillaba la luna. Volvimos viendo la fauna nocturna, mientras amanecía, desdibujando la ruta que hicimos el día anterior, comprobando cómo todo seguía igual, pero todo había cambiado. Caminando sobre nuestros pasos. 

Gracias Randy. Gracias por todo Álvaro. Corcovado, nunca te olvidaremos.

Aventuhero ¡Pura Vida!
Aventuhero ¡Pura Vida!

1 Comentario

  1. Que pasada! Me declaro aficionada a tus post, has conseguido crearme curiosidad en destinos que nunca me había planteado y ademas narrarlos de tal forma que el q lo lee pueda imaginar cada rincón como si estuviese allí, mas las fotos! Te felicito y gracias! Tengo ya una lista de posibles destinos que no perderme

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