Hoteles en Cullera

Hoteles en Cullera

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Situada en la Ribera del río Júcar –en su desembocadura− y envuelta por el mar Mediterráneo, esta localidad te permite estar rodeado de agua. Además de este río, cuenta con la Laguna del Estany, enclavada en el área sur del municipio y con una afluencia al mar.

Distinguida por el Compromiso de Calidad Turística, su trayectoria histórica ha dejado un rico y variado patrimonio histórico-artístico. Las civilizaciones que la poblaron le han proporcionado un extenso legado.

De este modo, la localidad alberga tres Bienes de Interés Cultural: la torre vigía del Marenyet, el castillo de Cullera y la torre de la Segunda Albacara. A estos se unen las pinturas rupestres del neolítico, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La historia de Cullera está íntimamente ligada a su monte: la Muntanya de les Raboses (Montaña de los Zorros) y la Montaña del Oro (la mágica montaña). A unos 233 metros de altitud sobre el nivel del mar, concretamente en la cueva del Volcán del Faro, encontrarás vestigios del paleolítico superior.
El neolítico le regaló sus característicos dibujos prehistóricos, que podrás hallar en el Abric Lambert, en la vertiente opuesta de la montaña. Durante la Edad de Bronce, el poblado de Les Oliveretes dejó el primer asentamiento humano con una cierta estructura social.
En siglos ulteriores es cuando la población adquiere un gran avance tanto económico como social gracias a los asentamientos musulmanes, que implantaron nuevos métodos de regadío y cultivo. En este periodo, pasó a llamarse Colla-Aeria (Cumbre Alta) y luego se adaptó a Cullera.
Además, los musulmanes edificaron el castillo, incluidas las torres, las murallas y la albacara (torreón saliente de las antiguas fortalezas); y expandieron el poblado por la vertiente sur de la montaña, cercándolo y resguardándolo con una muralla que transita por debajo de la calle del Mar. Prueba de ello es el llamado Barri del Pou, que evoca una medina islámica, con sus callejuelas estrechas y de gran pendiente.
Jaume I, monarca del Reino de Aragón, la conquistó en 1239 por su posición estratégica. Las mercancías que circulaban por el río Júcar no le dejaron indiferente. Primero los cristianos intentaron tomarla por la fuerza, pero no lo lograron hasta que el citado rey se adueñó de ella mediante un tratado pacífico con el valí Zeyyán.
Después de la conquista cristiana, el Barri de la Villa fue expandiéndose. Nos encontramos en los siglos XIV y XV, durante los cuales la ciudad creció, gracias, en buena medida, a su trayectoria comercial, agrícola y minera.
Los piratas berberiscos la atacaron en numerosas ocasiones en el siglo XVI, lo que llevó a sus pobladores a proteger la ciudad, desplegando toda una arquitectura de defensa militar. Además, crearon un cinturón de torres costeras como la del Marenyet, fortificaron el castillo con baluartes y revelines y, por último, amurallaron la villa.
La población asistió a una época de auge durante los siglos XVII y XVIII, especialmente en su agricultura. Es en este momento cuando se alzan los templos de la Sangre y de los Santos Juanes, la Casa de la Enseñanza, la Casa Consistorial y un extenso número de ermitas y casas solariegas.

Entramos en los siglos XIX y XX, con la difusión del cultivo del arroz. Cullera crece lentamente y levanta edificios e infraestructuras tan emblemáticos como el Santuario de la Mare de Déu del Castell, el Puente de Hierro, el Mercado Municipal, el Faro, el Ateneo Marítimo o la Casa del Pueblo, además de otras edificaciones de índole privada que han caracterizado la fisonomía de la ciudad.

Tanto para amantes de la arqueología como para desconocedores de esta, Cullera es un destino mágico. No dudes en pasear por su casco antiguo, donde te toparás con joyas de gran valor artístico.

Una tierra de contrastes en la que se combina la montaña con el mar, con ríos y con lagos. Te proponemos que los descubras a través de las rutas naturales que te ofrece: podrás admirar la montaña de Cullera, los humedales del marjal, los lagos, los arrozales, la desembocadura del río Júcar y los enclaves protegidos.

Asimismo, descubrirás playas de ensueño donde podrás darte un buen baño ya que están distinguidas con la bandera azul por la calidad de sus aguas y su protección de la naturaleza.

A Cullera la abraza la montaña, el río Júcar, los lagos, los enclaves naturales de incalculable valor y las playas fantásticas. Realiza un recorrido por su prolija historia. No te arrepentirás de acercarte a las pinturas rupestres y a su casco antiguo o de emprender rutas naturales que te aproximarán a la riqueza de su flora y fauna.

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