La India

La India, un espectáculo para los sentidos

Como creemos que para empezar con buen pie esta nueva etapa de vuestra vida es necesario el sosiego, los rayos de sol y la paz, os proponemos ir a la India. Os va a encantar recorrer la tumultuosa y variopinta Delhi, disfrutar de los atardeceres en el Taj Mahal y descubrir la picante cocina india.

Cuando se piensa en la India, la mayoría asocia esa idea a leyendas y tradiciones, pero existen otras maravillas que permiten contemplar los símbolos arquitectónicos más espléndidos del hinduismo, el islam y el sijismo. Su magnífico legado se conserva en las fachadas y en los espacios interiores de palacios, templos y mausoleos.

La India es un país que desconcierta por su diversidad y tamaño. Sin duda el lugar más espectacular del antiguo imperio mogol, en Agra, es el Taj Mahal. Considerado una de las maravillas del mundo, en 1630 el emperador Shah Jahan ordenó construirlo en honor de su esposa predilecta, Mumtaz Mahal. En las noches de luna es muy bello.

Taj Mahal - India

El Fuerte Rojo o Lal Quila es el mayor de los monumentos de la Vieja Delhi. Sus gruesas paredes de arena roja con torrecillas y bastiones han resistido el paso del tiempo y la naturaleza. Las murallas se extienden a lo largo de dos kilómetros y la altura varía desde los 18 metros hasta los 33 metros. El Lal Quila, que se alza por encima de un foso seco y ancho, comenzó a erigirse en 1638.

Otra de las cosas que no se deben dejar pasar durante una luna de miel en la India es degustar uno de sus platos tradiciones: el thali, que consiste en arroz acompañado de curry de lentejas, yogur, calabacín o leche de coco, entre otros ingredientes, que pueden ser picantes, agrios, salados o dulces. En los platos tradicionales indios se puede llegar a degustar hasta 25 especias diferentes, por lo que el sabor de sus platos y sus aromas son muy característicos.

Fuerte Rojo

Del Taj Mahal al caos de Delhi, cinco sugerencias imprescindibles para empaparse de la esencia de la India:

Palacio Vientos - India

Inmortalizar la obra más grandilocuente de la arquitectura mogola, como hacen a diario la legión de enamorados que llegan hasta Agra: el Taj Mahal. Todo comenzó, según cuenta la leyenda, con la inesperada muerte de la esposa favorita de Shan Janah, durante el parto. Para que su amor sobreviviera en el tiempo el apenado emperador mandó levantar con la colaboración de más de 20.000 obreros la tumba más maravillosa jamás vista.

Montar en camello por la región de Rajasthan, en otros tiempos la tierra de los Rajputes, donde se construyeron fastuosos palacios a orillas de los lagos de Udaipur.

Ver la vida cotidiana de la llamada Ciudad Rosa o Jaipur desde el Palacio de los Vientos como hacían las mujeres de harén sin ser vistas desde las ventanas semioctogonales que parecen una celosía. Aquí conviene coger un rickshaws o bicicletas para llegar a uno de los cinco observatorios astronómicos construidos en la India por el maharajá, Hawa Mahal, y el complejo palaciego del Fuerte de Amber.

Comer por la calle alguno de los bocados más deliciosos de la gastronomía india (normalmente los platos están compuestos por arroz, legumbres, verduras y acompañados con yogurt o raita con salsas y pan indio).

Abrir los ojos en un palacio real indio. El Palacio Umaid Bhawan fue erigido entre 1928 y 1942 por el abuelo del actual maharaja indio, Maharaja Umaid Singh ji, y se ha convertido con el paso de los años en el símbolo de la riqueza del nuevo Jodhpur. Además de las 64 habitaciones, este complejo palaciego alberga un museo, coches vintage a disposición de los huéspedes, un spa y un restaurante que ofrece a los comensales románticas veladas desde su terraza, amenizadas con música del desierto.

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